Dicen que la posición en la que la piragua pone al pescador es incómoda, y corta en cuanto a perspectiva. Quizás tengan razón, es posible. Somos lentos y vulnerables, siempre a merced de los elementos. Pero quizás esta condición de David frente a Goliat nos ha enseñado a ver las cosas de una manera un tanto especial. Nos hemos dado cuenta que no ve más el que mira más lejos, sino el que lo aprecia.


