¡Parece mentira!, Ya ha transcurrido un año de mi bautizo en PESKAMA como articulista (Benditos Reyes Magos) con el seudónimo de Becerete. Que vivencia más bonita la de aquella Navidad del 2008, sobre todo, recordaré de por vida, la inocencia de mi hija Elena leyendo la carta en la que Baltasar le explicaba que el kayak estaba esperando en el garaje por falta de espacio.
Los padres revivimos gracias a nuestros hijos aquella ilusión de nuestra infancia. Desgraciadamente esa inocencia se ha perdido en la Navidad del 2009, algo que aun siendo lógico y natural no llegamos a acostumbrarnos porque a los padres siempre nos parece demasiado pronto.
¿Qué ha ocurrido desde entonces en mi vida como kayakero?, os voy a ser sincero, no todo han sido vivencias positivas. Cuando leemos esos estupendos artículos parece que aprendemos muchas cosas, sin duda, así es, pero amigos, ¡ojo al dato!, una cosa es leer y otra muy diferente es asimilar los conocimientos que nos ofrecen los autores en sus trabajos.
Voy a hacer algo que a lo mejor no es habitual, no voy a describiros en este segundo artículo lances de mis primeras capturas, ni poneros fotos de mis primeras víctimas, entonces os preguntaréis: ¿qué va a escribir Becerete digno de ser publicado en PESKAMA? Muy sencillo y a la vez un poco… Confesaros mis primeras novatadas vividas en soledad, no es fácil desnudarse ante los lectores con un tema tan especial.










¿Por qué Becerete? (Becero) Esta variedad de barbo está principalmente en aguas del río Guadiana, de carne fuerte y dura le gusta estar en plena corriente donde espera a sus presas, tiene forma aerodinámica de ahí los sobrenombres de: torpedo o túnido del Guadiana. Cuando se siente clavado da grandes carreras buscando en la orilla cualquier obstáculo que se encuentre para romper nuestra línea y cuando lo tenemos al alcance de la mano todavía le quedan fuerzas para una última carrera. La fuerza que despliega es impropia para su tamaño que no suele pasar de los tres kilos de peso.