Aquí estoy. La sala de espera de urgencias de una clínica. De mi dedo anular izquierdo pende un señuelo con su anzuelo bien dentro… pero ha valido la pena.
Hasta el momento que mi hija llegó con su novio para poder traerme hasta aquí, han pasado muchas cosas. Cosas que al inicio de este día de kayak no creía poder pasar. Mientras esperaba, después de portar los kayaks hasta los coches, Txubaskos no hacía más que preguntar por el dedo, y echarme la bronca por no haberle avisado a tiempo. Lo cierto es que llevaba un buen rato con la bronca. Pero las cosas pasan como pasan, no como queremos que pasen, o como deben pasar.










