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    Colaboración de Walter Tanero

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I Travesía Rincón de la Victoria-Guadalmar

Posted by Caballa en 11 septiembre, 2007

Lo que por un día fué una idea que me cruzó por la mente el sábado 8 de Septiembre, día de la Victoria, se hizo realidad. Unir en una sola travesía los dos puntos de reunión de todos los kayakeros que formamos un grupo humano de gran valor y ahora ya con historia pesquera se ha convertido en un hito que volverá a repetirse, si dios quiere, el próximo año.

Albatros, compañero incansable que a pesar de los malos momentos que ya forman parte del pasado ha vivido a bordo de su kayak y su corta pero buena preparación, recordemos cuantas veces lo he sacado de la cama para estar a las seís de la mañana tentando a las lubinas independientemente del estado del mar, tuvo el valor y un enorme ánimo para afrontar una travesía de este calibre. Estoy seguro que sea el reto que sea siempre estará a babor o a estribor de mi kayak.
Y que vamos a decir de Eloy, kayakero experimentado en descensos, un libro abierto para todos en cuanto a técnicas de paleo y que acudió raudo y veloz a la cita en cuanto se lo propusimos. Estar junto a él en una travesía de este calibre es una garantía, sinónimo de seguridad. Su participación se vió ampliamente recompensada por la maravillosa y juguetona compañia de un gran grupo de delfines. Y por último y no menos importante, recordar que Albatros tiene 49 años y Eloy 48. Espero que no se enfanden por esta confesión, yo cumplo 44 el mes que viene, pero es que me parece importante reseñar este hecho para que otras personas que se están planteando pescar en kayak no vean en la edad una excusa para no hacerlo.
Lo primero que solventamos fué preparar adecuadamente el transporte de regreso a casa, con lo que hicimos a primera hora el trayecto que poco después intentaríamos hacer en kayak. En escasos viente minutos estabamos todos reunidos en Guadalmar y ya en un solo coche nos fuímos a nuestro punto de partida. Eloy, la noche anterior había dejado todo su equipo, kayak incluido, en el Rincón de la Victoria. La primera luz del día fue testigo de los preparativos. Con gran concentración fuimos comprobando e instalando cada uno de los componentes del equipo del kayak. Conexión de la sonda/GPS, encendido y repaso de la ruta con sus waypoints. Encendido de la radio y comprobación de las baterias, canal de comunicación interna entre Albatros y yo por defecto en pantalla. Colocación de la pala de seguridad en el kayak de Eloy y en el mío. Comprobación del avituallamiento, llevamos fruta, pastelitos, barritas energéticas, frutos secos y mucho líquido (bebidas isotónicas y agua). Y por último preparamos las cañas de currican.


Recuerdo como los últimos metros que recorrimos a pie hasta la playa estaban llenos de emoción contenida, tensión que en el último saludo antes de subirnos a los kayaks fue interrumpido por una llamada. Era Owen que junto a Owen2 y Explorer, estaban preparados para echarse al agua en dirección al pantalán, dispuestos a esperarnos hasta que llegaramos. Iban a ser nuestro contacto durante toda la travesía.
El temporal de levante que había estado azotando con fuerza toda la semana había transformado la playa, de forma que las primeras olas de la mañana nos hicieron saber lo calentita que estaba el agua. Con cuidado de no mojarnos en exceso y no meter demasiada agua en el kayak superamos con rapidez las primeras olas para reunirnos y soltar los señuelos. Eran las 8:36, ya sólo nos quedaban cinco horas de paleo por delante según nuestras previsiones. La suave brisa de levante que soplaba a esta hora y la corriente que iba en la misma dirección que nosotros nos iba a ayudar en el primer tramo de la travesía.
Como siempre pasamos por el acantilado del Rincón, pero la hora de las lubinas había pasado, ibamos con algo de retraso. En un principio navegamos en fila india, separados por la eslora que el currican nos generaba, para poder pasar el señuelo cerca de las rocas y de las rompientes. A partir del río Totalan nos alejamos un poco para navegar en torno a los 12 metros de profundidad para llegar a los 30 metros frente al Peñón del Cuervo.
Tal y como acordamos momentos antes de iniciar la travesía nuestro ritmo era relajado para poder permitir a nuestros músculos y a nuestro cuerpo tomar la temperatura adecuada para evitar cualquier tipo de lesión que acabaría con la travesía. Pero aún así llevabamos una buena velocidad ayudados por el incipiente levante y la corriente.
A partir de aquí decidimos navegar en paralelo para poder compartir las sensaciones de las que estabamos disfrutando. En ese  momento mi instinto depredador hizo que, previa comunicación al resto del grupo, me acercara a las rocas que están junto al Peñón del Cuervo para tentar a las posibles presas que estuvieran allí. Seguí paleando hasta llegar a la bocana del Puerto deportivo del Candado, momento en el que comuniqué a Albatros que nos reuniríamos en las inmediaciones de la piscifactoría.
Fué justo en ese momento cuando divisé a los primeros delfines que justamente estaban nadando en dirección a Eloy y Albatros. Inmediatamente avisé a Albatros y pude comprobar como los delfines pasaban una y otra vez por debajo de los kayaks de mis compañeros. Una vez reunidos Eloy me confesó que era la primera vez que le había pasado esto, y es que los delfines estuvieron pasando a un escaso metro justo por debajo de los kayaks. Seguimos remando en compañia de los mismos hasta llegar a la piscifactoría. Nos reunimos, repusimos fuerzas durante unos minutos y cambiamos los señuelos por pequeños jigs para pescar en los alrededores de la piscifactoría. Lo intentamos de todas las formas posibles durante media hora, pero no tuvimos ni una picada de interés. Cumplido el tiempo que habíamos programado de pesca en este lugar volvimos a cambiar los señuelos y pusimos rumbo al espigón de Levante del Puerto de Málaga. En esos instantes recibí la segunda llamada de Owen para saber por donde ibamos, lo que me supuso retrasarme de Eloy y Albatros que seguían paleando rumbo al puerto. Esto me permitió observar cómo cinco delfines del grupo anterior nos seguían de cerca y no nos abandonarían hasta llegar al puerto. Una vez junto a Albatros y Eloy les comuniqué mi intención de curricanear todo el espigón nuevo por lo que me separé de ellos en dirección a la base del espigón de levante. Una vez allí curricaneé hasta el punto de reunión y de descanso justo al final del espigón de levante. Tuvimos tiempo para ver las capturas que Eloy y Albatros habían realizado en el último tramo. En total 6 jureles y una aguja. Yo por mi parte ni una captura, pero eso era lo de menos. Lo importante era que habíamos rebasado ya medio recorrido y que ahora había que descansar, hidratarse, comer algo y estirar los músculos.


Entre los tres decidimos que con los señuelos recogidos ibamos a acercarnos hasta el principio de la bocana del puerto alejándonos un poco de la punta del espigón para evitar los remolinos y las corrientes que allí se forman, cosa que hicimos. Nos asomamos y no vimos ningún buque de gran envergadura dispuesto a salir, y a lo lejos vimos como un pequeño grupo de entusiastas regatistas iban remolcados por una embarcación del club naútico del puerto. Era el momento que estabamos esperando. A la voz de ya empezamos a palear con gran fuerza y velocidad para cruzar los 400 metros que separan los dos espigones, aunque en realidad paleamos en dirección a las rocas que están en la base del espigón de poniente, lo cual supone una distancia de 560 metros. Una vez alcanzada la zona segura del espigón de poniente decidimos soltar de nuevo los señuelos y vista la actividad que nos marcaba la sonda las picadas no se harían esperar. Justo al acanzar la esquina del espigón una una buena picada, rápidamente sujeto la caña y siento que el pez está bien clavado. Recupero lentamente, sin pausa y cuando sale a la superficie me sorprendo al ver que se trata de un bonito abadejo, el primero que pesco a currican. Justo a continuación de este espigón se encuentra la entrada del río que cruza la ciudad y que habitualmente no lleva agua, pero las obras de adecuación y mejora de esta zona hace que exista una zona de unos 4 a 5 metros de profundidad con mucha actividad en la que a buen seguro se deben capturar bonitos ejemplares, sobretodo lubinas y bailas. Como dijo Eloy una zona interesante para volver y dedicarle el tiempo suficiente para poder pescarla en condiciones. Aunque no teníamos pensado pescar esta zona, la captura nos hizo dar un par de vueltas por si acaso, pero se nos estaba haciendo tarde y aún nos quedaba unos 5 km en línea recta hasta las estrustucturas metálicas del pantalán. Este tramo de la travesía fué sin duda el más duro tanto física como psicológicamente, dado que el viento había rolado y ahora arreciaba soplando de poniente y teníamos la corriente en contra. Además las pequeñas olas que el viento generaba frenaban el avance de nuestros kayaks, y el hecho de que se divisarán desde nuestra posición nuestro destino, las plataformas, nos daba la sensación de que no avanzabamos. Por última vez comuniqué a Eloy y a Albatros que me iba acercar al pequeño espigón de la térmica y que pasaría por delante de la desembocadura del río Guadalhorce, al que ellos me contestaron que seguirían con el rumbo previsto y que los alcanzaría antes de llegar a las plataformas donde Owen, Owen2 y explorer nos estaban esperando.
Desafortunadamente no obtuve ningún resultado, ni una sola picada a pesar de ver en algunos puntos bastante actividad, pero el pescado sencillamente no quería comer. Nos reunimos finalmente tal y como habíamos acordado y en perfecta formación afrontamos las últimas millas hasta llegar a las plataformas. Tal y como esperabamos el grupo de kayakeros que aún estaban pescando sin mucho éxito en torno a las plataformas nos recibieron con mucha alegría y muy agradecidos aceptamos sus felicitaciones. Como muestra de compañerismo decidimos a pesar de la larga travesía que acababamos de hacer, quedarnos pescando un rato más con todos ellos. En total fueron unos 45 minutos en los que se nos enfriaron los músculos y que luego al iniciar de nuevo el paleo para alcanzar la orilla, destino final de nuestra aventura, nos supuso un esfuerzo que acabo con las fuerzas que nos quedaban.
En total fueron 22,5 km, de los que 21,25 km los cubrimos en exactamente cinco horas con dos descansos de aproximadamente 30 minutos cada uno, contando que al primero que fue de corta duración había que sumarle el tiempo de pesca que dedicamos en la inmediaciones de la piscifactoría. Los desplazamientos que hice desde la posición del grupo añadieron aproximadamente unos 7,5 km más a la distancia total de la travesía, coincidiendo mis cálculos con los que había realizado Eloy. Si tenemos en cuenta los descansos y paradas de pesca la velocidad media del grupo fue de unos 3 nudos.
Para terminar nuestros compañeros que nos esperaban en Guadalmar nos prepararon una gratísima sorpresa en forma de champán, refrescos bien fresquitos y canapés para celebrar el final de una travesía que dada nuestra corta experiencia en eventos de esta índole llegó a buen término y cumplió con todos los pronósticos de una planificación bien estudiada por parte de todos los integrantes de esta bonita aventura en un día tan señalado como lo es el día de la Victoria.

Gracias a todos los que desde vuestros corazones nos habeís alentado en cada una de nuestras paladas, a los que tan estoícamente y a pesar de la poca pesca del día nos habeís esperado por espacio de cinco horas junto a las plataformas para darnos una bienvenida que nunca olvidaremos, a los que sin saberlo habeís estado junto a nosotros. A nuestras familias a las que en más de una ocasión los dejamos con el corazón en un puño y sobretodo gracias a Eloy y a Albatros sin los que, sin lugar a dudas, esta aventura no habría sido posible.

Un abrazo de corazón y buena pesca.

Caballa. Septiembre 2007

Una respuesta to “I Travesía Rincón de la Victoria-Guadalmar”

  1. boqeron said

    fantastico compañeros.enorabuena

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